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Boletín nº10 10/03/2026
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EBITDA y flujo de caja: parecidos razonables, diferencias peligrosas.
Fernando Díaz, Asesor contable y fiscal, colaborador de SuperContable.com - 10/03/2026
A la hora de analizar las cuentas anuales de una empresa, el EBITDA (beneficio antes de intereses, impuestos y amortizaciones) se ha consolidado como una de las magnitudes más utilizadas en el análisis de balances de una empresa cualesquiera que sean los motivos de este último. La razón es aparentemente sencilla: permite observar el resultado de explotación (operativo) eliminando aquellos elementos que pueden distorsionar la comparación entre distintas empresas o ejercicios, como son los intereses derivados de la financiación ajena y determinados gastos contables que no implican salida efectiva de dinero, como las amortizaciones o los deterioros de valor. Desde esta perspectiva, suele afirmarse que el EBITDA constituye una aproximación razonable a la capacidad de generación de caja de la empresa. Sin embargo, esta afirmación, aun siendo parcialmente cierta, puede resultar engañosa si se interpreta de forma simplificada.
Para comprender dónde radica la diferencia, conviene acudir al concepto de flujo de caja libre (Free Cash Flow o FCF). De forma simplificada, el flujo de caja libre puede definirse como el EBITDA minorado por las inversiones necesarias para mantener la capacidad productiva de la empresa (CAPEX), los pagos efectivos por impuestos e intereses y las variaciones en el capital corriente, esto es, en existencias, y derechos de cobro sobre clientes.
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FCF = EBITDA – CAPEX – Pagos por impuestos e intereses – Variaciones en capital corriente |
La propia formulación pone de manifiesto una cuestión esencial: el EBITDA no recoge necesariamente todos los movimientos reales de caja que afectan a la empresa.
En primer lugar, aunque las amortizaciones no suponen un pago en el ejercicio en que se registran, cumplen una función clara: reflejan el consumo o desgaste de los activos productivos. Si la empresa desea mantener su capacidad productiva, deberá reponer esos activos en el futuro, lo que implicará un pago real. Desde esta óptica, el gasto por amortización anticipa una necesidad de inversión futura (pago) que el EBITDA, por sí solo, no tiene en cuenta.
En segundo lugar, el impuesto sobre sociedades se contabiliza conforme al principio de devengo , lo que implica que el gasto registrado en la cuenta de resultados no tiene por qué coincidir con el importe efectivamente pagado en el ejercicio. La existencia de pagos fraccionados, pagos a cuenta y regularizaciones posteriores genera diferencias entre resultado contable y flujo de caja. El EBITDA, al excluir los impuestos, tampoco refleja estas salidas efectivas de tesorería.
Asimismo, también ignora los pagos derivados de los intereses de la deuda. Si bien esta exclusión puede ser útil a efectos comparativos —al permitir analizar la rentabilidad operativa con independencia de como esté financiada la empresa (mix deuda-fondos propios)—, no debe olvidarse que los intereses constituyen una salida de caja real, al igual que las devoluciones del principal.
Por último, la evolución del capital corriente puede alterar significativamente la relación entre EBITDA y caja generada. Un crecimiento de las ventas, (manteniéndose constantes todo lo demás), incrementará el EBITDA. No obstante, ese mismo crecimiento suele exigir mayores niveles de existencias y cabe pensar que un mayor saldo pendiente de cobro de clientes. En tales circunstancias, la empresa puede estar mostrando mejores resultados de explotación mientras su tesorería se ve tensionada por mayores necesidades de financiación del circulante. El resultado contable mejora, pero la caja no necesariamente lo hace de la misma manera.
Ejemplo:
Una empresa presenta un EBITDA de 1.000.000 de euros. La reciente mejora de ventas ha hecho que sus existencias y saldo medio de clientes aumente en 150.000 €. Ha pagado 50.000 € en intereses e impuesto de sociedades por 100.000€. Reponer sus activos le cuesta 300.000 € anuales. ¿Cuál es su flujo de caja libre?
Solución:
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FCF = 1.000.000 – 150.000 – 50.000- 100.000 – 300.000 = 400.000 € |
Se observa que el flujo de caja libre para la empresa se reduce al 40% de su EBITDA (400.000/1.000.000), muy lejos de este último...
A pesar de estas diferencias, el uso del EBITDA sigue estando ampliamente extendido. En contextos relativamente estables —empresas con escasas necesidades de reposición de activos, bajo nivel de endeudamiento y pocas variaciones del capital corriente—, el EBITDA y el flujo de caja pueden mostrar una correlación razonable. En tales casos, un crecimiento sostenido del EBITDA suele ir acompañado de una mejora en la generación de caja. Además, al excluir intereses e impuestos, esta magnitud facilita comparaciones preliminares entre empresas con estructuras de financiación distintas o con presencia de filiales en diferentes países y, por tanto, con fiscalidad cambiante.
En resumen, no es objeto de este artículo demonizar el EBITDA que es muy útil para analizar la rentabilidad operativa de una empresa con pocas distorsiones. Sin embargo, no debe confundirse con lo que no es: no es flujo de caja en sí mismo, pues ignora variables que en un buen número de empresas tienen mucha influencia en el flujo de caja.
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