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¿Cómo adapto mi empresa a los cambios en la actividad que se producen durante el verano?

Pablo Belmar , Departamento Laboral de Supercontable 15/06/2026 Boletin nº 24 - Año 2026

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Para muchas empresas el verano es concebido como un periodo de cambios en la actividad. Mientras algunos sectores experimentan un incremento de la demanda y necesitan reforzar sus plantillas, otros afrontan una reducción de pedidos, clientes o proyectos y se ven obligados a reorganizar los recursos disponibles. Una planificación adecuada y el conocimiento de las herramientas que ofrece la normativa laboral permiten adaptarse mejor a las necesidades reales de cada momento, optimizando recursos y reduciendo riesgos.

Desde la reorganización de jornadas y vacaciones hasta la contratación de personal de refuerzo o la aplicación de medidas de flexibilidad interna, existen distintas alternativas para responder de forma eficiente a los cambios de actividad propios de la temporada estival.

1. Planificar las vacaciones de forma estratégica

La gestión de las vacaciones constituye una de las herramientas más eficaces y sencillas para adaptar la organización a los cambios de actividad. La normativa laboral deja gran flexibilidad a las empresas y sus trabajadores para acordar los periodos vacacionales. Por ello, en aquellas empresas donde la carga de trabajo disminuye durante el verano, concentrar parte de los periodos vacacionales en estas fechas puede contribuir a equilibrar las necesidades productivas con el derecho al descanso de las personas trabajadoras.

No obstante, conviene recordar que las vacaciones deben respetar el contenido legal y el convenio colectivo por las que se regulen, estando los acuerdos entre las partes supeditados a las normas.

2. Redistribuir la jornada y optimizar los recursos disponibles

No siempre es necesario recurrir a nuevas contrataciones o adoptar medidas más complejas cuando cambia el volumen de actividad. En muchos casos, la empresa puede adaptar la prestación de trabajo mediante mecanismos de flexibilidad interna ya previstos en la normativa laboral.

Entre ellos destaca la distribución irregular de la jornada, que permite concentrar más horas de trabajo en determinados periodos del año y reducirlas en otros, siempre dentro de los límites legales y convencionales aplicables.

También pueden valorarse las horas extraordinarias cuando exista una necesidad puntual de incremento de actividad. Sin embargo, esta opción presenta importantes limitaciones. Además de los límites legales existentes, un uso continuado o recurrente de las horas extraordinarias puede convertirse en un indicio de insuficiencia estructural de plantilla, generando riesgos organizativos y posibles conflictos laborales.

En el caso de trabajadores a tiempo parcial, la empresa puede recurrir a las horas complementarias cuando exista pacto previo y se respeten los requisitos establecidos legalmente. Esta herramienta ofrece una mayor flexibilidad para atender incrementos temporales de actividad sin necesidad de incorporar nuevo personal, aunque igualmente exige una adecuada planificación y control.

Por ello, antes de optar por la contratación externa, resulta conveniente analizar si la organización dispone de mecanismos internos que permitan absorber de forma eficiente las variaciones de actividad.

3. Reorganizar horarios y turnos

La adaptación temporal de horarios, turnos o sistemas de trabajo puede ayudar a mejorar la productividad y adecuar los recursos humanos a las necesidades reales de cada momento.

En determinados sectores, pequeños ajustes organizativos permiten responder eficazmente a los cambios de demanda sin necesidad de adoptar medidas más costosas. No obstante, cualquier modificación deberá respetar tanto la normativa laboral como las previsiones establecidas en el convenio colectivo aplicable.

4. Reforzar la plantilla cuando aumenta la actividad

Cuando el verano trae consigo un incremento de la demanda, la empresa puede necesitar incorporar personal adicional para garantizar el correcto funcionamiento de la actividad.

La elección de la modalidad contractual adecuada dependerá de la causa que justifique esa contratación. Si el aumento de actividad responde a una necesidad ocasional y temporal, podrá valorarse la utilización del contrato por circunstancias de la producción en los términos legalmente previstos.

Por el contrario, cuando el incremento de actividad se repite de forma periódica cada año y responde a una necesidad estacional o cíclica, la figura del contrato fijo discontinuo suele constituir la alternativa más adecuada. Esta modalidad permite atender actividades que, aun no desarrollándose durante todo el año, forman parte de la actividad ordinaria de la empresa y se repiten de manera previsible.

La clave, por tanto, no es contratar por el mero hecho de que llegue el verano, sino identificar correctamente la causa que origina la necesidad de personal y seleccionar la modalidad contractual que mejor se adapte a ella.

5. Apostar por la formación durante los periodos de menor actividad

Los periodos de menor carga de trabajo también pueden convertirse en una oportunidad para invertir en el desarrollo profesional de la plantilla.

La actualización de conocimientos, la formación en nuevas herramientas o la mejora de competencias técnicas y transversales pueden contribuir a incrementar la productividad y la competitividad de la empresa una vez se recupere el ritmo habitual de actividad.

Además, planificar acciones formativas durante los momentos de menor demanda suele generar un menor impacto sobre la organización diaria del trabajo.

6. Valorar la movilidad funcional

La movilidad funcional puede ser una herramienta especialmente útil cuando determinados departamentos o áreas de la empresa experimentan variaciones de actividad distintas durante el verano.

Esta medida permite asignar temporalmente a una persona trabajadora funciones diferentes de las que viene realizando habitualmente, siempre que se respeten los límites establecidos en el Estatuto de los Trabajadores.

Con carácter general, la movilidad funcional debe producirse dentro del mismo grupo profesional y atendiendo a razones organizativas o productivas. Cuando implique la realización de funciones superiores o inferiores, deberán respetarse además las garantías específicas previstas legalmente, especialmente en materia retributiva y de duración de la medida.

Por ello, aunque se trata de una herramienta flexible y eficaz para optimizar recursos internos, su aplicación exige analizar previamente la estructura organizativa de la empresa y las funciones efectivamente asignadas a cada puesto de trabajo.

7. Analizar medidas temporales de flexibilidad interna

Cuando los cambios de actividad son especialmente significativos y no pueden afrontarse mediante medidas organizativas ordinarias, la empresa puede valorar la aplicación de mecanismos de flexibilidad interna previstos en la normativa laboral.

Entre ellos se encuentran los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), que permiten suspender contratos o reducir jornadas de manera temporal cuando concurren causas económicas, técnicas, organizativas o productivas.

Estas medidas deben considerarse como herramientas excepcionales destinadas a afrontar situaciones que superan las posibilidades de adaptación ordinaria de la organización, permitiendo ajustar temporalmente los costes laborales sin extinguir los contratos de trabajo.

Conclusión

ConclusiónLos cambios de actividad durante el verano no afectan a todas las empresas de la misma manera, pero sí exigen una adecuada capacidad de adaptación. Ya se trate de gestionar un incremento de la demanda o de afrontar una reducción temporal de la actividad, la normativa laboral ofrece diversas herramientas que permiten ajustar la organización a las necesidades reales del negocio.

La clave reside en anticiparse, planificar y seleccionar la medida más adecuada en cada caso.

Una gestión estratégica de los recursos humanos que tiene la empresa y los recursos organizativos y legales a su disposición no solo ayuda a afrontar con éxito la temporada estival, sino que también contribuye a mejorar la eficiencia y la competitividad de la empresa a largo plazo.

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