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Venta
responsable de la empresa
Oriol Amat, catedrático de la Universitat Pompeu Fabra
La globalización y las dificultades crecientes que comporta
seguir compitiendo en la mayoría de sectores explican que
con mayor frecuencia haya empresarios que decidan vender su empresa.
En Catalunya ha sucedido ya con marcas tan emblemáticas
como Panrico o Chupa Chups. Ahora está ocurriendo con Caprabo,
empresa líder del sector de la distribución. Y otras
que vendrán en el futuro. Este no es pues un fenómeno
local sino que se está produciendo en todo el mundo. Sin
embargo, en el caso de Catalunya puede tener efectos más
negativos ya que en nuestro tejido empresarial tienen un peso
mayor las empresas familiares de pequeña y mediana dimensión,
que son fácilmente comprables. En otras economías
más desarrolladas y diversificadas, como la norteamericana,
la británica, la alemana o la holandesa, por ejemplo, la
parte de la economía integrada por grandes empresas es
mayor y, por tanto, no es tan fácil ni supone un impacto
tan relevante la compra de empresas de aquel perfil.
En el momento de evaluar a quien se vende la empresa, el precio
de la venta, las garantías recibidas sobre la solvencia
del comprador y los plazos de cobro influyen decisivamente en
la decisión del vendedor. Está claro que en una
economía de mercado el vendedor tiene todo el derecho a
vender al mejor postor. Sin embargo, el dinero no lo es todo.
O no debería serlo.
La dimensión monetaria de la venta es fundamental pero
también cuentan otros elementos más intangibles.
Por ejemplo, la buena relación entre comprador y vendedor
constituyen una fuente de confianza que puede ayudar a desbloquear
negociaciones que siempre son complejas. Es decir, la "química"
tiene su importancia.
Otro elemento decisivo a considerar tendría que ver con
la responsabilidad social, concepto que está dando mucho
que hablar desde hace unos años. El ejercicio de esta responsabilidad
determina cómo la empresa interactua con su entorno y con
las distintas personas e instituciones con las que mantiene relaciones.
Se trata de un enfoque que influye decisivamente en la estrategia
de las empresas en temas como las relaciones con la Administración
, las relaciones laborales, el medioambiente o las interacciones
con clientes, proveedores, bancos, etc. La responsabilidad social
debe estar presente cuando se crea una empresa y también
cuando esta crece. Es decir, ha de inspirar a los empresarios
a lo largo de toda la vida de sus empresas.
Pero si realmente la responsabilidad social corporativa es algo
más que una moda, o va más allá de una pose
que queda bien ante la opinión pública, debería
seguir inspirando la actuación de los empresarios también
en el momento de vender su empresa. Los empresarios deben evaluar
el impacto social que supone que la empresa pase a otras manos.
Así, aspectos relevantes son el mantenimiento de los puestos
de trabajo, la política social y sindical del nuevo propietario,
la ubicación de la sede de la empresa, la política
lingüística, la imagen global del comprador y su coherencia
con la de la empresa comprada, las relaciones con las administraciones
públicas y con los proveedores que han trabajado con la
empresa durante décadas, etc.
En el pasado, algunas empresas muy arraigadas en el país
han sido vendidas a entidades que se rigen por criterios esencialmente
financieros y cortoplacistas. Esta perspectiva, muy alejada de
la visión empresarial a largo plazo, explica que la empresa
comprada sea objeto de un proceso de troceado y de venta por partes,
con lo que al final la empresa vendida pierde todo parecido con
lo que significaba antes de la compraventa. Si el comprador tiene
un enfoque exclusivamente financiero puede estar más interesado
en conseguir un "pelotazo" a corto plazo que en crear
valor a largo para el accionista y para la sociedad. A los pocos
años queda muy poco rastro o ninguno de lo que fue la empresa
vendida. En otros casos, las empresas han sido adquiridas por
grandes multinacionales que han diluido como un azucarillo la
compañía comprada. Cuando los vendedores recuerdan
el legado que recibieron de sus padres se lamentan de la venta
efectuada, pero ya es demasiado tarde. Por tanto, no está
de más ampliar los criterios a considerar en el momento
de la venta.
Un enfoque más empresarial o industrial implica pensar
en el largo plazo. El comprador responsable debe esforzarse en
aprovechar las fortalezas de la empresa adquirida y en corregir
sus posibles debilidades. De esta forma puede generar sinergias
para alcanzar o consolidar un liderazgo a través de la
optimización de los costes de estructura o de la capacidad
de compra que le permita rebajar los costes variables. En otros
casos, esta visión empresarial favorece una mejora de la
competitividad comercial de la empresa, aprovechando mejor las
redes de distribución y otras potencialidades de marketing.
Estas sinergias permiten que la suma de la riqueza generada por
la empresa comprada y por la empresa adquirente sea mayor estando
juntas que separadas si no se realiza la compraventa.
De lo expuesto anteriormente se deduce que no todos los compradores
tienen el mismo perfil desde el punto de vista de la responsabilidad
social. No todas las empresas tienen la misma trayectoria al evaluar
su interacción con la sociedad. El comprador debería
poder acreditar unos valores corporativos sólidos, una
clara intención de arraigo en relación con el territorio
o la voluntad de cooperar con los operadores y proveedores locales,
sin perder de vista que la empresa debe seguir siendo competitiva.
De esta forma se puede evaluar el impacto predecible que se producirá
después de la venta en todos los stakeholders de la empresa:
trabajadores, administración, clientes, proveedores, bancos,
etc. No es verdad lo que a veces se oye de que "el dinero
huele bien, venga de donde venga". En función de la
trayectoria del comprador y del proyecto empresarial que tenga
previsto para la empresa comprada, el dinero recibido puede tener
más o menos sentido.
En definitiva, vender una empresa no es tarea fácil. A
las consideraciones exclusivamente económicas y de rentabilidad
es conveniente añadir otras de índole social y sentimental.
Los planteamientos expuestos pueden aumentar la probabilidad de
que se realice una venta responsable de la empresa.
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